Seguimos con este particular repaso a las compañías de videojuegos, y tras haber contado un poco la vida y milagros de Sega, toca ir a por su más directo rival, la mítica Nintendo. Con una estrategia actual que no deja a nadie indiferente, la compañía de la gran N se ha caracterizado siempre por ir a su ritmo, importándole más bien poco lo que hiciesen sus competidores. Y lo mejor de todo es que le funciona. Pero no siempre ha sido así. Ya vimos al hablar de Sega que Nintendo no tenía intención de dejar que nadie se le subiera a la chepa, y para eso fue capaz incluso de hacer firmar a las compañías third-party contratos de exclusividad, hasta el punto que el gobierno les obligó a abandonar esa práctica tan abusiva. Pero empecemos por el principio, que siempre será mejor.
Érase una vez una compañía de cartas
Así es, los orígenes de Nintendo están ligados a las cartas, o mejor dicho, a un juego de cartas, el Hanafuda, un juego muy antiguo (su historia data del año 1549) que era muy popular en Japón en ese momento. Estamos hablando ni más ni menos que del año 1887. De hecho, el nombre de Nintendo se puso precisamente por pensar que estaba más relacionado con un juego de cartas, puesto que la traducción de la palabra es “deja la suerte al cielo”. Demasiado lejos nos hemos tenido que remontar, y desde ese momento hasta que se metió en el mundo de los videojuegos pasaron muchas cosas que se pueden resumir en unas pocas líneas. Empezando por el éxito que tuvo su fundador, Fusajiro Yamauchi, vendiendo las cartas, que hizo que tuviese que contratar a más gente para poder fabricar las cartas a mayor escala.
Nintendo siguió creciendo, pasando la empresa de generación en generación, y dominando cada vez más el mercado. En 1953 se convirtió en la primera compañía de cartas que las fabricaba de plástico, proporcionándoles esta aparente minucia una gran ventaja respecto a sus competidores. En 1959 llegó a un acuerdo con Disney para usar sus personajes en nuevas barajas. Y en 1963 intentó ampliar negocio de las formas más dispares posibles, desde la creación de un servicio de taxis para vender arroz instantáneo hasta la venta de aspiradores. Desgraciadamente esos nuevos negocios no funcionaron tan bien como esperaban, pero encontraron uno que sí les fue bien, los juguetes, en parte gracias a su experiencia con las cartas. Y es que las cartas no iban ya tan bien, llegando su caída en las Olimpiadas de Tokyo, en 1964.
En ese momento Nintendo estaba acuciada por las deudas, tan solo podía seguir a través de los juguetes, pero compañías como Bandai o Tomy le sacaban bastante ventaja. Para colmo de males, la vida de los juguetes siempre ha sido muy corta, lo que les obligaba a sacar nuevos productos en plazos muy cortos de tiempo. Parecía el final de esta pequeña compañía, pero nada más lejos de la realidad.
Aquellos maravillos cacharros
Entre los trabajadores de la fábrica de juguetes de Nintendo había un hombre que destacó por encima de los demás. Gunpei Yokoi, un trabajador al que parecía que se le daban bastante bien la electrónica. Tras descubrirle, lo pasaron directamente a la línea de desarrollo de productos, desde donde sacó a la venta aparatos tan dispares como el puzzle conocido como el “Tenbirion”, una máquina del test del amor, o el que sería el precursor del famoso NES Zapper.
La compañía ya tenía claro el camino a seguir, el futuro estaba en los juguetes electrónicos y siguiendo esa nueva línea de negocio sacaron en 1975 el primer videojuego arcade (que no el primer videojuego, ese honor seguramente corresponda a OXO), EVR Racer. Tras este llegarían más como el gran clásico, Donkey Kong. Este juego precisamente tuvo como cabeza pensante deel proyecto a la otra gran leyenda de Nintendo, Shigeru Miyamoto, quien se incorporó a la compañía en 1977. Los juegos que sacaba entonces iban dirigidos a distintas máquinas como podían ser la Atari 2600 o la ColecoVision. Pero mientras iba sacando sus videojuegos, también iba empezando a experimentar con las
primeras maquinitas, las Game&Watch, una de las máquinas con la que más he disfrutado.
Las había de una o dos pantallas LCD, y de este modelo se podía abrir como un libro o hacia arriba, lo que hacía que físicamente la Nintendo DS recuerde mucho a ella, aunque por supuesto, no tiene nada que ver una con la otra. Cada máquina tenía tan solo un juego y el sistema era muy sencillo, simplemente tenían fotogramas de los distintos movimientos que podía hacer el personaje y al pulsar los botones se iluminaba el correspondiente. Aún recuerdo cómo apretábamos la pantalla para ver todos los muñecos que se escondían tras esta.
Los juegos eran tan simples como adictivos. Los que más recuerdo eran, como no, el Donkey Kong, en el que tenías que rescatar a tu amada de las garras del terrible gorila que lanzaba barriles, y uno de recoger objetos que caían de cuyo nombre no logro acordarme. De la segunda parte de Donkey Kong recuerdo que tenías que esquivar cocodrilos en la pantalla de abajo agarrándote a lianas que había en la pantalla superior, donde además tenías que esquivar pájaros que te podían hacer caer. ¡Qué recuerdos!
En 1983 se lanzan definitivamente al mercado de las videoconsolas domésticas y sale a la venta la Famicom System (Famicom era una abreviatura de Family Computer). Sin embargo, la consola fue un auténtico fiasco, hasta que llegó Mario. Super Mario Bros consiguió que se vendieran 500000 unidades en apenas 2 meses. La Famicom se había convertido en un éxito de ventas y la gente de Nintendo no era capaz de cumplir con la demanda que existía, así que se crearon tres grupos de desarrollo.: R&D1 (Research and Development). R&D2 y R&D3.
Llegados a este punto me vais a permitir un pequeño descanso, y es que aún nos queda mucho que contar (y más que me dejaré en el tintero). En el siguiente capítulo entraremos de lleno en las consolas de Nintendo. Porque nos queda lo mejor. Desde el Cerebro de la Bestia hasta las 3D portátiles. ¡No os lo perdáis!
Historia de las consolas de Nintendo (Parte I)
Historia de las consolas de Nintendo (Parte II)


















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