Los tiempos actuales nos han llevado a poder disfrutar de tres videoconsolas consideradas, con mayor o menor acierto, next-gen. Para que cada una de las 3 principales haya llegado donde están han tenido que recorrer un duro camino en el cual han cometido más de un error que o ya les ha pasado factura, o ocurrirá en breve. Dejamos de lado potencias reales y estimadas, fanboyismos y licencias, cantidades y calidades, comparaciones y similares, y nos vamos directamente a hechos consumados y contrastados. Hoy toca repasar la PlayStation 3 de Sony.
Lanzamiento sin una polÃtica con rumbo prefijado. A estas alturas serÃa negar la realidad decir que PlayStation 3 tuvo un lanzamiento exitoso. Lo pasó mal, muy mal, y a todos los niveles. Parte de estos males radicaron en la propia Sony, que fué introduciendo cambios sobre la marcha, incumplió lo que prometió, recortó por aquÃ, eliminó por allá, y nunca hizo realidad parte de lo que se publicitó en su momento. El tenerse que enfrentar a la competencia no implica que no puedas tener una polÃtica y una estrategia prefijada, y mucho menos si tienes a tu espalda años de experiencia.
Es cara, muy cara. Que si. Que ya puede ser toda la caña que queráis, ofrecer todo lo que ofrece, y poder abarcar campos interminables con ella; pero la PlayStation 3 es cara. La cuestión está en que el usuario final tiene que soltar cerca de 400€ de golpe y porrazo, y eso pesa en cualquier bolsillo.
El Blu-ray no es tan fiero como lo pintaban. El formato de Sony no lo tuvo difÃcil para derrotar al HD-DVD y quedarse solo en este campo. Pero se ha quedado solo en todas partes. El formato no esta siendo recibido por los usuarios; simplemente no le hacemos caso, como si no existiera. Escaso catalogo de pelÃculas a la venta, y unos juegos que bien podrÃan haber venido en dos o más DVD de doble capa. El Blu-ray está adelantado a su tiempo.
Desarrollos lentos y complicados. Los desarrolladores se han quejado desde el primer dÃa que el sistema de desarrollo de PlayStation 3 es tan potente como complicado, hasta el punto de que el propio sistema se encarga a menudo de cohartar la libertad de desarrollo de los programadores. Lo costoso que es trabajar con él conlleva a menudo el tener que lanzar productos no afinados y que distan mucho de la idea inicial para poder cumplir los plazos de lanzamiento. El pato, en todos los casos, lo pagamos los usuarios.
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