3abr 10

¿Qué necesita un juego para merecer un 10?

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10 560x420 ¿Qué necesita un juego para merecer un 10?

Los análisis sobre videojuegos son algo a la orden del día en la prensa videojueguil, artículos que destacan las virtudes y defectos de los títulos para informar de su calidad a los lectores. El modus operandi normalmente es sencillo, el redactor termina el juego y prueba el modo multijugador (si lo hay) para después plasmar su crítica en una review o análisis. Por supuesto adjudica una nota final al juego en cuestión según su criterio, y este es justo el punto al que quería llegar.

Como es lógico los análisis de diferentes medios para la misma versión de un juego no tienen la misma nota, suelen ser próximas entre sí pero no iguales, algo normal ya que no emplean los mismos criterios de calificación y además se trata de algo bastante subjetivo. Sin embargo en ocasiones podemos ver como ciertos medios de renombre publican análisis sobre determinados juegos a los que premian con una nota de 10 puntos, usualmente por intereses comerciales. Es evidente que en esos casos se trata de juegos con bastante calidad, pero lo cierto es que rara vez merecen de verdad esa máxima nota. Dicho esto, ¿qué características debe poseer un juego para merecer un diez?

Para empezar debemos tener en cuenta que un videojuego esta formado por muchos aspectos, bastantes más de los que se puntúan habitualmente. Los apartados de gráficos, sonido y jugabilidad son de los que más se habla por ser considerados los más importantes, pero existen otros que no se mencionan tanto. Veamos una pequeña lista:

Duración: las horas que puede llevarnos conseguir ver todo lo que el juego tiene para ofrecer sin caer en la repetición. Ojo, no confundir con el tiempo necesario para acabarlo una vez pues normalmente no coincidirá con la duración real.

Rejugabilidad: las posibilidades que ofrezca para volver a terminarlo varias veces, ya sea para ver cosas nuevas o conseguir premios que en verdad merezcan el esfuerzo de invertir esas horas.

Innovación: los aportes nuevos que haga al género de videojuego, ideas que no se hallan utilizado anteriormente y estén implementadas con éxito y de modo convincente. Lo ideal en este caso es que el juego cree un nuevo tipo de género por si mismo, algo completamente original.

Adictividad: el nivel de “enganche” que nos produzca el título, o en definitiva lo divertido que resulte jugarlo. Cuando el usuario termina de jugar por ese día pero sigue pensando en él hasta que lo retoma es que se va por buen camino.

Optimización: se trata de que el juego aproveche lo más posible el hardware y software que necesita para funcionar. Obviamente en las consolas es más sencillo que en los ordenadores, pero puede conseguirse en ambos casos. Buena tasa de imágenes por segundo, cargas rápidas, sin bugs ni errores y todo sumado a un buen aspecto visual y sonoro. En definitiva conseguir un perfecto equilibrio entre calidad y rendimiento, dentro de los límites de la plataforma en cuestión.

Dificultad: por desgracia es muy frecuente ver videojuegos con una mala dificultad. Para empezar lo idóneo sería que conforme avanzamos en la aventura las cosas se fuesen poniendo más difíciles en todos los sentidos (luchas, puzzles, pruebas de habilidad) y de forma progresiva, es decir, cada paso es más complicado que el anterior pero menos que el próximo. Por otra parte los distintos niveles de dificultad suelen limitarse a cambiar parámetros como el daño, la vida o la cantidad de enemigos que aparezcan, mientras que lo idóneo sería que su inteligencia artificial fuera superior.

Narración: es el modo de contar la trama por medio del juego. Se puede tener una buena historia para contar pero eso no basta, hay que saber implementarla en la jugabilidad del título para que encaje como una tarta en un molde. El usuario debe experimentar una total continuidad y coherencia entre la historia que le muestran y las acciones que va llevando a cabo para avanzar. No es algo fácil.

Ambientación: se trata de que al jugador le parezca realmente estar viviendo lo que hace en el título. Básicamente se consigue con unos gráficos, música y sonido que reflejen fielmente lo que intentan representar, tanto para los escenarios como para los personajes. Si es un juego de acción debe subir nuestra adrenalina, si es de miedo asustados y si es cómico pues “sonrientes”, depende del género.

Bueno, son sólo algunos apartados que resultan menos habituales aunque también se nombran, claro está. Una vez leído esto nos daremos cuenta de que un videojuego está formado por muchas y a la vez complejas partes. ¿Y qué significa eso? Pues que un juego que aspire a merecer un diez debe alcanzar una nota cercana a esa en todos sus aspectos, digamos un título que prácticamente no sea posible mejorar (si cambias algo empeora). ¿Qué juegos merecen un diez real? ¿Conocéis alguno del que no mejoraríais nada o casi nada?